FLÓREZ CARVAJAL JULIETH LISETH
MANTILLA ESPARZA ADRIANA PAOLA
Durante su presidencia López impulsa un discurso socializante. Su programa político se conoce como la "Revolución en Marcha", constituida por una revisión a la constitución, una reforma agraria, una reforma fiscal y una reforma constitucional. Desde los años 30 en nuestro país viene emergiendo un proceso de industrialización, hay mejoras en industria, transporte y comercio que posibilitan el crecimiento en los ingresos de las élites y las clases medias, pero desconoce a la clase emergente (el proletariado) compuesto por peones y campesinos. En razón de este proceso de industrialización, la educación en el programa político de López, se constituía como un factor trascendental. La educación para López debía diversificarse y especializar las formaciones a fin de ofrecer a la agricultura y a la industria el personal calificado.
Todo lo anterior requería además de la voluntad política, un presupuesto que permitiera materializar las reformas instauradas por el Ministerio de Educación; sin embargo, en ese camino hubo grandes inconvenientes y críticas de parte de la oposición (liberales de derecha, conservadores e iglesia) que serán descritas más adelante.
En cuanto a la educación popular y rural, el programa pretendía favorecer a las mayorías, y el ministro de entonces López de Mesa, privilegió la cantidad por encima de la calidad de la educación, en este sentido las reformas fueron más materiales que pedagógicas. En cuanto a lo financiero, el gobierno instaura nuevos impuestos que conduzcan al aumento del presupuesto nacional y en consecuencia el destinado a la educación, sin embargo aunque hubo un aumento sustancial las medidas fueron modestas si se consideraban las necesidades a nivel de infraestructura.
Durante la dirección del ministro de educación Luis López de Mesa (1934-1935) también se desarrollaron una serie de campañas y programas que propiciaron el mejoramiento de la higiene y la alimentación de la población escolar del país, ya que el ministro consideraba que sin un avance en estos aspectos sería imposible reformar la educación. En cuanto a la alimentación, se financiaron restaurantes escolares a los que se les entregaba un cuarto del presupuesto total de educación ($600.000). Esta iniciativa generó muchas críticas por parte de conservadores y liberales. Con lo cual se hizo notoria no solo esa actitud particular de los colombianos, donde la riqueza o estatus social de la mayoría depende de no dejar surgir al otro, sino también el temor de cualquier hecho que condujera a un posible levantamiento del proletariado para cuestionar el poder de las élites. Otros aspectos que tampoco tuvieron éxito fueron las escuelas normales rurales, puesto que sus alumnas rechazaban volver a las deplorables condiciones de las escuelas del campo, y la oficialización del método de los centros de interés de Decroly, pues aunque la iglesia lo despreciaba por anticlerical, los responsables de su fracaso fueron los maestros tradicionales que se negaron a modificar su rutina pedagógica.
Posteriormente, con la Reforma Constitucional de 1936, y durante la dirección de Darío Echandía en el Ministerio de Educación, parecía que los miedos de conservadores, liberales de derecha y de la iglesia empezaban a tornarse reales ya que la educación se volvía centralista y más política. La Reforma giraba en torno de tres ejes: democratización creciente, intervención del Estado y laicización. Ante esto, la reacción de los conservadores fue criticar en especial y por todos los medios posibles la supresión del catolicismo como religión oficial del país y de la educación. Pero, también les indignaba la pérdida de los puestos educativos que habían tenido en sus manos. Para los conservadores, esta Reforma era la prueba de la fuerte influencia comunista en el gobierno de López Pumarejo.
Por otro lado, la contraofensiva de la iglesia consistió en atacar desde el púlpito el carácter anticatólico de las escuelas del Estado, pedían a los fieles retirar a sus hijos de esas escuelas para hacerlos ingresar a establecimientos católicos privados. Al mismo tiempo, los jesuitas inician un sindicalismo católico, pretendían aminorar la influencia comunista y liberal en los medios urbanos, para ello, recurrieron a la creación de asociaciones en favor de la cultura popular dentro de un marco cristiano, su objetivo era difundir extensamente la doctrina social de la iglesia en las clases trabajadoras.
En la línea de la democratización de la educación, otra aspiración del gobierno fue aminorar la discriminación en el ingreso a la educación por medio de la ley 32 de 1936 que establecía condiciones idénticas para todos los aspirantes; sin embargo, las discriminaciones no desaparecen y en respuesta protestantes e israelitas forman sus propios colegios.
En cuanto a la organización del magisterio, centralizarlo y nacionalizar la función no era posible ya que el Ministerio de Educación no tenía los medios para hacerlo. Ante esas circunstancias, el ministro Echandía estima conveniente imponer nuevas normas para el nombramiento de los docentes; recurre a un examen que tuvo como objeto definir la categoría de los maestros. En resumen, si bien hubo resistencia al examen, éste permitió a los maestros organizarse sindicalmente, tener derecho a un salario mínimo de $40 pesos mensuales y garantías en cuanto a la seguridad de su empleo y su adelanto profesional.






